Sobre el fracaso del abstencionismo


07/12/2013, Emilio J. García, Roberto Mérida. Socialismo Revolucionario, Sevilla.

Artículo publicado en Boletín de Socialismo Revolucionario. Nº de Diciembre, 2011. 2ª entrega.

En las pasadas elecciones del 20-N, así como en las municipales, hemos visto aparecer en escena a toda una corriente de pensamiento, ampliamente difundida por el 15-M y popularizada en círculos alternativos, que propugna el voto nulo o su variante, la abstención activa. Esta corriente, llama a todo un sector de la población descontenta, apática por un discurso político dominante, monopolizado por el bipartidismo (PP / PSOE, CiU / Tripartit, PNV / PP-PSOE y demás variantes autonómicas), a construir la revolución en la calle, haciendo caso omiso del resultado salido en las elecciones.


Como no podía ser menos, hay todo un ala de la extrema izquierda que se ha hecho eco de estas posiciones. Aluden al hecho de que “con un movimiento popular en la calle deslegitimando al régimen y a sus instituciones, presentarse a las elecciones equivale a legitimar el sistema electoral, reconduciendo la situación hacia el redil constitucional y hacia la falacia de que las cosas pueden cambiarse desde las mismas.

Estos sectores de la extrema izquierda, al incluir a IU en la “lista” de partidos sistémicos (esto es, a favor de mantener el sistema político-económico vigente) por el simple hecho de que han pactado y, de hecho, podrían volver a pactar –como se deduce de su último Informe al Consejo Político Federal del 17 de octubre–, con partidos a favor del sistema (tradicionalmente, el PSOE), olvidan que dirigentes destacados de dicho partido, como Julio Anguita, defendieron durante todo un período –en el que la coalición obtuvo mayor auge electoral– la posición intransigente de no-pactos con PSOE-PP. El que ahora toda una asamblea regional, la extremeña, lo haya hecho, pese a las amenazas de expulsión por parte de la dirección, sólo refleja que IU está muy lejos de ser una organización monolítica, y que dentro de sus bases e incluso de su dirección, no existe una única posición al respecto.

Se olvidan, además, que no sólo el 15-M ha realizado una crítica generalizada a los partidos del sistema; esta circunstancia también se ha reflejado en el debate interno de IU. Así, son muchas las voces críticas de IU que, azuzadas por la crítica frontal, popularizada por el 15-M, de que ambas marcas del bipartidismo, PP-PSOE, representan por igual la dictadura de los mercados, han empezado a exigir una ruptura con la política de pactos con el PSOE. Exigen más mecanismos de democracia “participativa”, “directa” o asamblearia, dentro del partido. Este sector, que calificaremos de “ala izquierda de IU / PCE”, y cuyo máximo exponente es Julio Anguita, ha llegado a tomar el control en numerosas asambleas locales. Citaremos el ejemplo de la localidad de Castilleja de la Cuesta, Sevilla, donde el único concejal de IU, y militante del PCE, Tomás Arias, ha conseguido hacer renunciar a sus sueldos a los concejales de ambas fuerzas mayoritarias, PP y PSOE, a través de una campaña constante de presiones y denuncias públicas a ambos partidos, logrando una reducción de los 475.000 € iniciales, a 45.000 €, en los presupuestos anuales. Esto sólo fue posible tras la pérdida de la mayoría absoluta del PSOE en el pleno, sumado a una política intransigente de no pactos (pues IU no ha pactado con el PSOE, hecho que, ante los resultados, puede calificarse de muy positivo).

La afirmación, por parte de estos sectores, de que “IU ha establecido con el PSOE un pacto global merced al cual, a nivel municipal y autonómico, le regalarán a dicho partido todos sus votos a cambio de nada” deja de ser cierta, por tanto, y queda así relativizada.

Tradicionalmente, los revolucionarios llamamos al boicot electoral cuando hay un movimiento fuerte que deja en tela de juicio al sistema: eso es justo lo que no tenemos. Intentar hacerlo en solitario constituye, desde nuestro punto de vista, un error sectario, que está abocado a poco menos que el fracaso ya que, en su nivel de conciencia actual, el trabajador común de la calle, en su mayoría apático, alejado de la vida política, aún lejos de entender la importancia de organizarse en pequeños círculos revolucionarios de acción y debate, no concibe la actuación política sin participar en elecciones.

Si, en el hipotético caso de llegar a obtener una mayoría parlamentaria, IU llevaría a la práctica o no dicho programa, eso es otro debate. Dependerá del grado de reformismo de las bases y de cuáles sean, en ese momento sus dirigentes. Si sus dirigentes son como Gordillo (alcalde de Marinaleda), y sus bases como las del CUT, o las de IU y del PCE en la localidad mencionada, sus políticas distarán mucho de parecerse a las defendidas por los sectores moderados, como el “llamazarismo”.

A día de hoy no existe un movimiento fuerte articulado por la base, que considere ilegítimo el sistema y llame a la abstención como forma de demostrar la fuerza de dicho poder. No consideramos al 15M como tal, en la medida en que sólo es un embrión de un movimiento que podría llegar a desarrollarse y acumular la fuerza necesaria para jugar este papel en el futuro, pero sólo con el tiempo. En las circunstancias actuales, que la gente de izquierdas no vote, por desencanto del sistema, lo único que deja es la gestión del sistema a los “ultras” de la derecha, y en mayoría absoluta, con lo cual fortalecemos el blindaje del sistema como lo que es de por sí, una dictadura económica, ahora y más que nunca, en lo político.

Tanto en IU como en el PCE, hay auténticos revolucionarios dispuestos a cambiar el sistema, no a reformarlo, ni a "revisarlo". Es esa baza la que hay que aprovechar, utilizando una logística que tiene largo alcance en el estado, en lugar de empezar de cero. Así, mientras algunos se deciden sobre si hay o no que construir un partido revolucionario, muchos siguen cayendo por el camino; 300 mil desahuciados, millones de pensiones congeladas, personas que no se pueden operar de enfermedades porque no tienen su tarjeta médica. Frente a esto, ciertas organizaciones de la izquierda radical, se dedicaron, en vísperas de las elecciones, a difundir toda clase de comunicados propugnando el voto nulo o la abstención –organizaciones que sí pidieron el voto para sus listas, cuando se presentaron, en anteriores comicios–. Habría que preguntarles cómo puede ayudar a la lucha del trabajador el regalar los 9 escaños que ha subido IU, basados en un programa de nacionalizaciones e inversión pública, a la ya de por sí fortalecida mayoría de un gobierno neo-cons, salvo en una derechización mayor de la sociedad.

Eso no lo va a entender el obrero común, mínimamente politizado. El revolucionario que olvida las cuestiones del día a día, del bienestar de la gente aquí y ahora, del que es echado de su casa ahora, del que ahora necesita, y no dentro de 20 años, un trabajo o un subsidio para subsistir, estará haciendo un flaco favor a su supuesto espíritu revolucionario, que a fin de cuentas busca hacer extensible el bienestar y los derechos humanos, para todos. Estar al tanto de todas estas cuestiones, y solventarlas, no quita la empresa de cambiar el sistema, de lograr la titularidad pública y democrática de los medios de producción, y de la banca, así como la ayuda a los hambrientos del mundo, tratando además de exportar la revolución a otros países.

IU será un medio para evitar la emergencia de un partido revolucionario en la medida en que la gente revolucionaria crea esa premisa, se vaya de IU, y deje a ésta en bandeja a reformistas, llamazaristas, verdes y socioliberales. Es necesario aprovechar el alcance de un partido donde hay verdaderos revolucionarios, para incidir desde ya en la política, y por extensión, en la vida de la gente, aunque ello pase por denunciar abierta y despiadadamente a su dirección inmovilista, pro-pacto social. Esperar a una revolución, en lugar de empezar a hacerla accediendo al elemento más fuerte, la conciencia de la gente, equivale en los hechos a una traición. Esto no se hace sólo con la voz, la mal llamada "propaganda", sino mediante la pedagogía, y sobre todo, mediante el ejemplo.

Pronto serán las próximas autonómicas y, por el momento, no existe una alternativa de la clase trabajadora a IU con capacidad de presentarse a elecciones y conseguir representación parlamentaria. Falta una alternativa, vinculada a las luchas del movimiento obrero, que combata despiadadamente contra las influencias de las direcciones sindicales y políticas reformistas, partidarias del pacto social. Mientras sea incapaz de conseguir resultados en las elecciones, la izquierda revolucionaria debe estar capacitada para ofrecer a los trabajadores una alternativa táctica, electoral, al bipartidismo, por incompleta y limitada que ésta sea. En la situación actual, esta alternativa es IU, por su programa electoral, ligado parcialmente a las aspiraciones de los movimientos sociales y obrero.

En lugar de propugnar el abstencionismo, es necesario llamar a votar a una opción cuyo programa electoral plantee una alternativa clara a los recortes. Pero luego, es necesario salir a la calle a luchar, por unos derechos que seguramente nos recortará el gobierno burgués que salga fortalecido de las urnas por una mayoría absoluta neo-cons, ante la bancarrota del PSOE. Es necesario organizarse sindical, política y asambleariamente, hacia el objetivo de un huelga general, como parte de un plan de lucha sostenido contra la próxima oleada de recortes y políticas antiobreras que traerá el gobierno. Es necesario superar las limitaciones de IU, sin fortalecer, por ello, a la derecha bipartidista en el parlamento.